La Alegría de Dios

September 9, 2016

En el capítulo 15 del evangelio de San Lucas se narran las parábolas de la misericordia, que son un desborde de la lógica de Dios, siempre discordante de la lógica humana. Al final de cada parábola, el evangelista pone claro el tema del gozo y la alegría de haber recuperado lo perdido. Esa es la gran alegría de Dios: recuperar lo que se ha perdido y con ansia anda buscando. Te invito a retomar las figuras de estas parábolas, la oveja, la moneda y el hijo menor, y en ellas hacer conciencia de la necesidad de volver a ser la alegría de Dios, de hacer fiesta en el cielo, confiando en que el Padre siempre espera con misericordia tu regreso.

 

La oveja perdida: Es aquella que por estar en el montón, en el rebaño, pierde su sentido y tal vez sin conciencia se va del camino, se le extravía el sendero de su pastor. Hay circunstancias que te han afectado y han propiciado que de manera involuntaria hayas tomado decisiones apresuradas, aceleradas, sin medir consecuencias. A veces la influencia de una persona o un grupo, te hace perder identidad, o la necesidad de compañía te hace depender de las condiciones de una persona, o puede ser que por escapar de las desilusiones generadas por otros, hayas elegido un camino que conduce al sinsentido. Tú, como aquella oveja, ha perdido el camino en medio de los desiertos de la existencia, has dejado de reconocer la voz del pastor. Piensa en unos instantes cuántas decisiones de otros y circunstancias ajenas te han afectado….

¡Ánimo, hay una fiesta  preparada!, lo que antes surgió de la inconciencia, hoy puede ser redimido en el deseo de volver al Pastor. La humildad es necesaria aun cuando las situaciones que te tienen allí sean fortuitas. Déjate atrapar de los brazos que te cargan de nuevo en lo alto, recordándote cuán importante eres para Dios y le haces gritar a toda voz “¡Felicitadme!”

 

La moneda perdida: Es aquel tesoro que se pierde dentro de la casa. Parece estar asegurada por no haber salido, sin embargo corre el riesgo de estar escondida en algún lugar remoto. Se parece aquello a los momentos en que estando en tu caminar de fe te quedas como “estancado”, como detenido, sin avanzar en el servicio o en el crecimiento personal. O tal vez cuando tus mejores capacidades andan escondidas ¡perdidas en la casa!, y muchos andan buscando tu servicio, tu talento, tus capacidades… Dios anda buscándote en el rincón en que andas perdido, la misericordia no se puede quedar quieta, sin hacer brillar tu luz. La moneda, con ser moneda ya tiene valor. ¡Pero cuánta alegría y cuánto más valor genera en manos de su dueño! Tu y yo somos pedacito del tesoro que Dios busca para completar su alegría y celebrar la fiesta.

 

El hijo perdido: Es aquel que se pierde con la conciencia de que sus actos y decisiones son tomados aparentemente en libertad. Y aunque encuentre las complacencias del mundo y respaldo de los momentos de gozo, descubre que en el alma, el vacío de Dios no se llena con miserias. Es el personaje que más identificación causa en el camino de la fe. Seguramente te has sentido alguna vez como aquel hijo que hace con su herencia lo que le place y se aleja de la presencia de su Padre. El acento está en Aquel que espera el regreso de lo que se ha perdido: un Padre que prepara cada tarde sus besos y sus brazos con la intención de hacer una fiesta. Sólo vives libertad cuando sabes que caminas cada día hacia el encuentro con tu creador. Un hijo se perdió y se fue al país lejano, pero el Padre fiel siempre esperó y guardó el amor intacto. Sabía que la misericordia siempre atrae, hace volver, perdona y se desborda en fiesta.

 

 Siente cuánta misericordia se desborda de Aquel que te busca con afán. ¡Eres la alegría de Dios cada vez volteas la mirada a su rostro! No dejes que pasen tus días sin sacarle una sonrisa y generar fiesta celestial.

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