¿ESTÁS PREPARADO? (Lucas 12, 32-48).

 Jesús, en diferentes ocasiones alertó a sus discípulos para que tuvieran una disposición especial para acoger el Reino de Dios, inminente y presente en su ministerio. Y es que el seguimiento al Maestro genera una itinerancia en la que el discípulo no puede quedarse quieto, por el contrario, se mueve a la búsqueda de aquel tesoro inagotable adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Tu y yo hemos sido encargados de una parte en la familia, el trabajo o la ciudad, para manifestar esa posibilidad de que Dios reine, y vislumbrar una primicia de aquel Reino que se manifestará definitiva y plenamente en la eternidad. Dios te ha confiado el evangelio allí donde te encuentras, y esto exige una responsabilidad, es decir, capacidad de responder, de cuidar, mantener y entregar. ¿Qué puedes hacer para estar al frente de lo que Dios te ha confiado?

 

Estar vigilantes

 

El tema de la segunda venida del Señor, o Parusía, genera un interés particular en los creyentes, a veces temor y desconcierto. Algo claro nos dejan los discursos de Jesús acerca de su manifestación en el final de los tiempos: Será la manifestación de su gloria. Por esto, por lo incierta que es la hora y el momento, cada uno de los creyentes debe estar en vela, es decir, no dejarse “adormilar” por ninguna situación. Estar en vela significa poner la vida en clave de Dios, esperando todo de él, confiando, buscándole, testimoniándole, sin dejar que se apague la luz que sostiene la vida en las oscuridades. ¡Cuántas veces esperas que llegue Jesús en tu sufrimiento y angustia! ¡Cuando las cosas no salen como lo esperabas! En ese momento la palabra que sostiene la fe y la lámpara encendida: “Espera en el Señor; ten ánimo, se valiente ¡espera en el Señor! Sal 27,14

 

Estar preparados

 

Nuestra sociedad es experta en aconsejarnos cómo preparar el acontecimiento, el cuerpo, el simulacro, la comida, la despedida, el nacimiento, etc… pero, ¿Nos invita a preparar la fe y ejercitarla? El mundo hoy cree en lo que ve, por eso se hace más difícil poner suficiente atención a lo espiritual, que no se ve fácilmente, y darle largas a los propósitos sublimes que la persona en su interior sabe está llamado a vivir. Estar preparados significa fortalecer la fe en el ejercicio de la oración, en el servicio a los necesitados, a la vivencia personal y comunitaria de los sacramentos, al encuentro con Cristo en los hermanos. Estar preparados significa tomar las riendas del hogar, no dejar que ningún muro lo rompa la violencia, el desamor o los fracasos, la soledad del joven, los arrebatos del niño, las diferencias e indiferencias. Prepara tu fe, ponte firme ante el rio de propuestas que te lanza el mundo. No es fácil mantener firme la casa y estar en vela, pero todo es más seguro cuando el Señor está primero. “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles” Salmo 126,1

 

Como administradores fieles

 

Existe una riqueza invaluable, inagotable e incorruptible: El Reino de Dios. Éste lo ha manifestado Cristo en su ministerio, enseñando, sanando, liberando, perdonando. Cristo ha puesto un poco de Dios allí donde se manifiesta la pobreza, la necesidad, la marginación y el desconsuelo.

 

Dios te ha puesto al frente de un tesoro: tu apostolado, tu hogar, tu servicio o tu labor sencilla, y en cada uno de ellos espera que se manifieste la llegada de su Reino. La fidelidad y la prontitud son las herramientas para administrar este tesoro. Fidelidad porque a veces el cansancio se aproxima en las obras buenas. Porque la exigencia de acompañar, tener voluntad, crecer en la fe, perseverar amando, se vuelve una carga y no un reto. Prontitud y atención porque nada de lo que tienes se puede desperdiciar: ni el tiempo, ni el talento, ni lo bueno que has cultivado en el corazón, ni aquella sonrisa, ni el perdón, ni el abrazo. Todo aquello debe estar a punto para manifestar que Dios reina en tu vida. Si vives una experiencia de fe, cultiva y cree en lo que se te ha confiado, goza con la riqueza de tu Señor, aguardando su llegada: “Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá…”Lucas 12,48

 

¡Felices los servidores a quienes el dueño encuentre velando a su llegada!

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