María y Marta : Dos hermanas que animan la fe

 Jesús va de camino y es recibido en una casa. La casa de sus amigos. Allí reposa, es servido y acogido. Aprovecha el ambiente amistoso para enseñar con amor. Aquellas mujeres, Marta y María, tendrán un movimiento especial en torno al Maestro y nos servirán de reflexión. En esa casa, que es tu alma y la mía, Marta y María tienen una convicción y fuerza especial. Dos hermanas que significan aquí la disposición de escucha y servicio necesaria para ser discípulo de Jesús. Escoger la mejor parte le dará el orden a la cotidianidad.

 

Marta: La capacidad de recibir y servir a Jesús. Para que haya fe, tiene que haber acogida de Jesús. Es lo que hace inicialmente Marta, se apresura a acoger y recibir en su casa al Maestro. Con su fuerza y su disposición trata de cumplir aquello que todo judío sabe por la ley: debe recibir al forastero y tratarlo como uno de su pueblo. Marta agiliza el servicio, no se queda quieta, su deseo es servir ante todo. Marta, en tu alma de creyente, te impulsa a poner de forma activa la caridad, a inquietarse por el orden, la estructura, los detalles, la limpieza, y el quehacer de la mejor manera posible. Tu vida de fe se ve urgida por el servicio, por cumplir la misión en el hogar, la parroquia, el hospital o la comunidad. Y es necesario que sientas esa disposición de trabajo, de implicar las manos y la vida en lo que sabes hacer para los hermanos. Sin embargo el fuego del servicio de Marta, de manera desbordada, puede llevarte a sentir y pensar que el centro de la vida de fe es hacer y sólo hacer, generando agitaciones y preocupaciones, descentralizando de tu corazón la persona de Jesús y el amor por tus hermanos. Es tanto así que Marta te puede llevar a sentir y decir que tus hermanos no “hacen” lo mismo que tú,  a cambiar tu oración de escucha por querer imponer tu voluntad, e incluso para darle órdenes a Jesús. ¿Sientes una fuerza de servicio y acogida a los otros a la manera de Marta? ¿Es tu servicio en el hogar expresión de amor? ¿El gastar tus fuerzas por otros te genera reclamos a Jesús en la oración?

 

María: La disposición fundamental de escuchar la palabra del Maestro. María, que en la escena se queda sin hablar, escoge la mejor parte: estar a los pies del Señor para escucharle. Es bueno servir, organizar, acoger, pero ser discípulo como María implica saber el orden en la experiencia de fe. Lo primero e indispensable es escuchar: el “shemá”, que es la invitación de Dios al Pueblo de Israel, y ahora de Jesús, la Palabra hecha carne, a los suyos. A partir de la escucha el resto de la vida tiene un sentido y un orden. Es así que aunque su hermana Marta agitada pronuncia fuertes palabras como denunciándola frente al Maestro, su mirada sigue fija en aquel que le roba la atención. La disposición de María es la misma que experimentas como necesidad del Todo, la sed de Dios en el alma, que es lo único que llena y da plenitud a la vida. El mundo de hoy te exige hacer y producir, y allí es difícil tener la calma suficiente para priorizar la escucha a la voz de Dios en tu cotidianidad, pero es la mejor elección, aquella que como discípulo de Cristo nadie te podrá quitar. Has de saber que tu vida de fe se alimenta de la oración, la Eucaristía, la Palabra, la interioridad. Y cuando las cosas de Dios están como prioridad, el resto se ha de organizar con mayor claridad: la labor como padre de familia, las responsabilidades en el trabajo, los sueños, el servicio a la comunidad, la caridad y toda la actividad que tengas como misión. Si tu alma se deja enamorar de la Palabra del Señor, no tendrá espacio para agitaciones y preocupaciones, para reclamos o imposiciones, porque los ojos estarán amorosamente puestos en el Señor de la Vida. El servicio, que debe desprenderse de allí, será un fruto abundante y precioso para el Reino de Dios. ¿Sientes que tu vida está dispuesta a escuchar la palabra de Jesús? ¿En tu vida de fe, priorizas el estar a los pies del Maestro? ¿Sientes en tu alma que es el amor el que motiva a hacer crecer el servicio?

 

Marta y María. Ellas te impulsan dinamizar la experiencia de la fe, con la humildad y disposición rendida a los pies de Jesús, y con actos concretos de servicio, donde se hace visible el Reino de Dios. Algunas veces una se agita y otra aquieta, pero hay que saber escoger la mejor parte. Siempre el orden de María va a darle sentido al servicio. Escucha de la palabra, amor de prójimo y servicio, eso es ser discípulos, esa es la mejor parte.

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