5 Pistas de misericordia

Un Maestro de la ley quiso preguntar a Jesús de leyes. La historia del samaritano compasivo fue el ejemplo perfecto para responder. Salir de la lógica de la ley y su justicia para mover el corazón a la misericordia, no era lo esperado por aquel Fariseo, sin embargo Jesús se las ingenia como siempre para poner un ejemplo que a aquel, a ti y a mí nos sigue cuestionando acerca de nuestra práctica del amor. Desde el evangelio de San Lucas 10,25-37, te presento 5 pistas para crecer en la fe, siendo prójimo:

 

1. Ver y compadecerse: “…y al verle tuvo compasión…”. Date cuenta de las personas que sufren a tu lado. Enfermos, solitarios, depresivos, tristes, agobiados están compartiendo tú mismo camino, han quedado detenidos por la desgracia. ¿Quién es aquel que necesita de tu atención? La compasión no es algo que se ejerza por código o norma, es lo que brota de un corazón que se deja llenar de la mirada de Dios. En el entorno cotidiano hay personas reales que necesitan tan solo de alguien que escuche, atienda y brinde un poco de atención. Identifica y nombra a aquellas personas con las que has sido cómodamente indiferente.

 

2. Curar las heridas: “vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino…”. La compasión lleva a la acción. Que seas capaz de ver las heridas de quienes estén a tu lado no es suficiente, hay que movilizar la fe y confirmarla con las obras. Puede pasar que como creyente te conformes con elevar una oración, y ¡es muy necesaria!, pero aquel que padece de hambre, soledad, pobreza, tristeza, etc., necesita concretamente de tu pan, tu compañía, tu ayuda económica o tu consuelo. Las heridas de la vida a veces tardan mucho en sanar, pero tu apoyo siempre hará más llevadera la carga de otros. ¿Cómo puedes ayudar con actos concretos a vendar las heridas de tus hermanos?

 

3. Tratar con dignidad: “y le montó luego sobre su propia cabalgadura…” Los judíos y samaritanos se odiaban a muerte. Justo el samaritano se baja de su cabalgadura para ofrecerla al judío moribundo. Trata de levantarlo ofreciéndole su lugar cómodo. Ayudar y ser prójimo de otros incluye que te “incomodes” un poco: que se vea implicado tu tiempo, tu bolsillo, tu posición, tu forma de mirar, tu título. Que puedas ver a la otra persona como un igual, como hermano y hacerte si es necesario, a la manera de Jesús, siervo y esclavo. No des una limosna sin mirar a los ojos y saludar, no visites ese enfermo sin abrazar, no des palabras de aliento sin sentir primero la miseria de tu corazón. Piensa a cuantos puedes levantar la dignidad cuando te restas un poco de comodidad.

 

4. Llevar a la fe: “le llevó a una posada y cuidó de él…” Conducir al lugar de sanación es parte del caminar como prójimo. Tu misión también está en saber llevar a la fe a quien sufre. La asistencia a sus necesidades es urgente, pero el mejor tesoro está en el camino que muestras a otros, y ese camino es el de la fe en Cristo. Nada puede seguir sosteniendo con tanta fuerza la vida sino la fe. Es la perla preciosa que muestras y que brindas a tus hermanos. Es la posada segura donde descansa y sana el alma. Cuando testimonias el camino de la oración, la vida sacramental, la Palabra y en fin, la vida en Dios a otra persona, esa luz tocará profundamente todas sus oscuridades y será la certeza de que la obra la llevará Dios a su término.  Conduce, lleva, orienta a la vida de fe. Es el camino que otros nunca olvidarán.

 

5. Hacer crecer el servicio: “sacó dos denarios y se los dio al posadero, diciendo: `Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva…” Hacerse prójimo es una tarea constante. La compasión es acción de Dios en ti y a través de ti. Es fuerza de Dios que mueve el ser. Si comienzas un servicio o un apostolado, haz que continúe y mejore, fórmate si es necesario, invita a otros a involucrarse en el servicio, motiva, anima, haz crecer la ola de la misericordia. Dios no se cansa de darte fuerzas, discernimiento y sabiduría para actuar. El Espíritu de Dios sigue moviendo corazones y si te dispones, un pequeño servicio ha de propagarse oportunamente. Cuando te atreves a ir un poco más, se verán los frutos de la misericordia en tu vida y la de los otros. Saca esas dos monedas, es decir, aquello que puede ser tu riqueza e inviértelas en el Reino, aquel que te da la vida eterna. Nada te hará más feliz.

 

 

Si caminas en la fe y tu meta es ser como Cristo, escucha el evangelio, déjate atrapar por la verdad que trae en herencia la vida eterna. Es urgente vivir el amor, entregándolo y haciéndose prójimo. Hoy Jesús te indica: “Vete y haz tu lo mismo”…Lc 10 ,37

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