Amor que Sirve

 

 La gran celebración de la Semana Santa tiene como centro el Triduo Pascual, tres días en los que se contempla el Misterio de la Pascua de Jesús. Se abre desde el jueves Santo con una Eucaristía que se perpetúa por 3 días solemnes para la Iglesia, que son unidos en una ferviente celebración del corazón de la fe: Jesús que se entrega hasta la muerte y victorioso resucita.

 

La Eucaristía, el mandamiento del amor, el servicio y el sacerdocio son signos de celebración este Jueves del triduo pascual. En la celebración de la cena del Señor meditamos en Cristo que, como lo dice el evangelista "amó hasta el extremo" (Jn 13,1). El  amor de Cristo abre las puertas a la gran celebración de la Pascua y cada rito o práctica de piedad nos habla e invita a dejarnos sumergir en aquella hora de entrega y máxima demostración de la gracia de Dios Padre. Meditemos en estos aspectos sobresalientes del amor de Cristo en el inicio de la celebración Pascual.

 

Amor que Sirve: "se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos" Jn 13,4-5. Para los judíos el trabajo de lavar los pies es propio de los esclavos. Jesús sirve porque sabe que como Maestro no ha aspirado a reconocimientos humanos, sino a cumplir la voluntad del Padre. Se ha hecho siervo, uno más de su pueblo y entre ellos "tomando condición de esclavo" Flp.2. Su Kénosis confirma que Dios está del lado de los más pequeños, pobres y sufrientes, ésa es su gran debilidad, lo que conmueve sus entrañas. Es el amor que sirve porque Jesús, no puede dejar de darse: ha entregado palabras, salud, consuelo, compasión. Ahora enseña a darse a los otros lavando los pies de sus amigos. El amor en la vida es servicio: darse a la familia, darse a los hijos, darse a los cercanos y a los lejanos, a los que esperan cada día tu amor y también a los que no esperan que les sirvas…a todos aquellos que necesitan que alguien les lave los pies haciéndoles sentir que son amados.

 

Amor que se hace amigo: Jesús ubica a sus discípulos-siervos en un lugar preferente de "Amigos", y esto por una razón: "les he dado a conocer lo que he oído de mi Padre". Jesús cada vez más se acerca al corazón humano para llevarlo al corazón del Padre. Quien se acerque a Jesús y acepte pasar a ser "Amigo" inevitablemente  encontrará el precioso tesoro de la sabiduría escondida en la verdad del Padre. Este jueves es el día de los amigos, de los que íntimamente se unen en la fe, en el crecimiento del amor de Cristo, del servicio, de la entrega que exige el ágape. El amor en la vida es hacerse amigo, solidario, abrir el corazón para entregar sin esperar a cambio nada. El amor humano de por sí espera reciprocidad, pero la aspiración de quien ha conocido el corazón de Cristo es al amor perfecto, que sale del egoísmo y se hace uno con las necesidades profundas de los otros, de los que nadie tiene en cuenta: el pobre, el enfermo, el discriminado, el familiar que todos rechazan, el hijo rebelde…

 

Amor que se hace pan: El memorial de la cena del Señor deja siempre actual la entrega de Cristo. En la cena de Pascua Jesús deja su presencia en un poco de pan y vino, haciéndose amor en la mesa de los amigos. Tantas veces comió con ellos y compartió la vida, que las mejores cosas sucedieron y quedaron marcadas alrededor de una comida. Allí en esa cena, entregaba en  intimidad lo mejor de sus enseñanzas, las cosas cotidianas, las sonrisas y los cansancios del día, los aciertos y desaciertos en la misión, las historias de quienes recibieron la fe. Es en la mesa servida donde se resume su ministerio como entrega. El amor se hace pan con quienes compartes la vida: un esposo que recibe de Cristo a través de tu paciencia, una esposa que recibe del pan de Cristo cuando es comprendida, un compañero que es perdonado cuando tu pan, se parte y así se doblega el orgullo, para que en el otro pueda entrar, así sencillo, un pedazo de Cristo.

 

Amor que suscita amor: El mandamiento de Jesús es nuevo! “Ámense los unos a los otros como yo les he amado”Jn 13,34. La novedad es que ese “como yo” pone de fondo una meta más alta que aquella que limitadamente alguien imaginaba. La novedad es intentar cada vez el amor perfecto, que sabe que la altura es lo que se ha manifestado en la vida de Cristo.  El amor del que habla Jesús, ese “Ámense” es participación de su divinidad, es la posibilidad de poner amor allí donde hay indiferencia o rencor.  El amor de Cristo se vuelve imperativo porque la meta de los discípulos no puede ser la medida en que se devuelve el amor. La meta es amar como Jesús ha amado, hasta el extremo, hasta que duela, hasta que exija, hasta que se sienta en el corazón que algo grande está haciendo Dios. El amor capaz de suscitar amor se da en el testimonio, y allí no bastan palabras. Se puede hablar mucho de Cristo pero las palabras a veces no logran lo que un abrazo de acogida. Demuestra y suscita el amor de Cristo en una mirada compasiva o un gesto que sorprenda a quien sabes le debes mayor amor. Silencia el corazón para escuchar a aquel  que  la vida se le hace pesada, que necesita vaciarse de sus penas o que calladamente va acumulando pesares. En ese vaciamiento es justamente donde puede entrar el amor de Dios.

 

Éste es el Jueves Santo, el del Amor: que sirve, que se hace amigo, que se comparte como el pan, que suscita en otros el amor. Sea para los creyentes la posibilidad de renovarnos en el mandamiento nuevo. Hoy somos nosotros invitados al privilegio de estar con el Maestro en el cenáculo, para que contemplemos que Dios pasa, que esta pascua Dios sigue entregándose y que el amor se concreta en la exigencia con que vivimos con otros el mandamiento de Cristo.

 

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