Navidad: en la que todo puede empezar

December 22, 2015

 

Esta época de Adviento trae consigo nuevas estrategias de publicidad para muchos rincones del mundo. Son muchos los regalos sugeridos para obsequiarle a nuestros seres queridos.

Cada almacén de los centros comerciales hace su mayor esfuerzo por asegurarnos que al ingresar al establecimiento encontraremos el mejor regalo para la navidad.

 

Las campañas de los llamados "madrugones" con ríos de descuentos, gracias al poder de la información que tienen ahora los consumidores, nos presentan denuncias sobre la carencia de credibilidad a las supuestas reducciones del precio.

 

La demanda del regalo de moda para los más pequeños ya no solo titila como antes una y otra vez en la televisión. Ahora se hace viral por todas las redes sociales acreditándose incluso con personas famosas que legitiman la vanguardia.

 

Al final solo se muestra que incursionar en obtener lo último puede ser tan inseguro como lo está siendo en estos momentos la patineta eléctrica o Swagway de la que se han presentado varias denuncias desde la muerte de un niño por su uso, hasta el incendio de un casa como consecuencia de que sus baterías prenden fuego.

 

¡Y es que la navidad sí es especial! ¿Cómo no va a serlo cuando es la forma de oxigenar nuestra fe? Es el momento de que el niño Dios llegue con más fuerza para inspirarnos, es el regalo de poder compartir en familia y ver el reflejo del amado en cada rostro presente.

De este modo, no concuerda la armonía del sentido real de la navidad con el agite y el "corre corre" del consumo descrito al inicio.

 

No se trata de oponernos a la entrega de un detalle. Tampoco se trata de volvernos herméticos rayando con el límite de la amargura, la crítica o de juzgar a quienes optan por dar regalos materiales, pero sí, de una invitación a pensar en algo diferente para que la acción y el resultado que tengamos este fin de año puedan darnos al corazón una verdadera felicidad.

 

Llevemos a nuestro pensamiento en esta navidad a tantas personas que lo necesitan:

 

Aquel enfermo en un hospital, aquella persona privada de su libertad, aquel niño sin padres, a ese abuelo olvidado, a ese amigo o familiar con quien congelamos relaciones, aquel compañero de trabajo a quien le debemos un perdón, aquel con quien fuimos injustos o simplemente aquel quien Dios nos susurre y nos inspire al oído para que ayudemos.

 

No pensemos solo en una fecha, pensemos en el comienzo de un hecho. Regalemos nuestro tiempo como la máxima expresión del amor.

 

Que este año el mayor anhelo y deseo ferviente de nuestro corazón no sea aquello material que perece, sino que el niño Dios se renueve en nosotros para que podamos sembrar una relación de amor con todo aquel que nos necesita.

 

Que sea esta navidad el combustible para emprender un proyecto en el que ayudemos a alguien en el ser, en su educación, en sus principios, pero sobre todo, que pueda aprender del testimonio de nuestra vida porque es a éste a que le hará más "clic", pues quizá el amor que le demos puede ser lo más cerca que haya presenciado del amor de Dios.

 

Si aceptamos la invitación, esperemos en la próxima navidad recoger el fruto de lo que sembremos. Enseñemos a que otra persona haga lo mismo, oxigenemos de nuevo el corazón y emprendamos un nuevo ciclo de gratitud y servicio.

 

Tengamos por seguro que nuestras navidades nunca volverán a ser iguales: serán las mejores.

 

 

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