La alegría de la dulce espera

December 16, 2015

 

 

El tiempo de espera del nacimiento de un hijo es una de las cosas más bellas que Dios le comparte a los seres humanos. La gestación no solo reúne las emociones de la madre y del padre, sino también las del hijo en el vientre.

 

A medida que el bebé se desarrolla, su comunicación con el exterior crea un lazo de amor y de unión con sus padres. Cada cita al médico y cada ecografía manifiestan la sabiduría creadora de Dios en ese ser tan frágil y a la vez tan perfecto.

 

Así como esperamos la llegada de un bebé con alegría, María y José aguardaron el nacimiento de Jesús con gozo en el corazón. Su espera se hizo dulce a pesar de las dificultades. Los padres del Niño Dios, acogieron el misterio de la encarnación en su interior.

 

Igual debe ser nuestra espera en Jesús, una espera que en las profundidades del alma, ansía alabar al Señor. Dios nos deja en las manos de la sagrada familia, al Hijo Verdadero hecho hombre.

 

María guardó a Jesús en el sagrario de su vientre y José lo contempló en la oración. Ambos velaron para que esta Criatura Divina, naciera e iniciara la misión salvífica del género humano.

 

La actitud de María y su esposo debe ser vivida en el hoy de nuestra existencia. Los días de la novena nos invitan a meditar cada mes la gestación del niño Jesús.

 

Adviento es un tiempo que nos permite, por esencia y profundidad, ahondar en nuestro interior y preparar la cuna de nuestro corazón para el Mesías, recién nacido.

 

Jesús viene en camino, sintamos sus latidos en la liturgia de la palabra, en la comunión eucarística, en la oración constante, en el compartir fraterno y en las acciones de caridad.

 

Los días están contados, la fecha probable de parto se avecina, no posterguemos la preparación para el último día, es hora de dejar nacer a Jesús en el corazón.

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