Felicidad, solo Dios sacia

 

“Todo ser humano pretende ser feliz”. Esta afirmación de Aristóteles es totalmente verídica. Consciente o inconscientemente, la mayor parte de las acciones que el hombre realiza están dirigidas a encontrar la felicidad. Sin embargo, no es nada fácil conseguir dicho objetivo, pues el camino está lleno de obstáculos por superar.

 

La auténtica alegría va más allá de la consecución de todo tipo de placeres, conocimiento, riquezas y fama. El diccionario de la Real Academia dice que la felicidad es: “el estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien.” No obstante, esta definición es imprecisa de acuerdo con la filosofía griega y la teología cristiana. Ambas aseguran que dicho concepto se refiere a la condición de plenitud que puede obtener una persona.

 

Las situaciones anímicas son pasajeras. Hoy estamos bien, mañana estamos mal. Asimismo, toda adquisición implica temor e inseguridad, pues el objeto que se posee no dura para siempre, se puede deteriorar o perder.

 

El catecismo de la Iglesia Católica, en el numeral 1718 afirma: “Dios ha puesto el deseo de felicidad en el hombre a fin de atraerlo hacia él, quien es el único que lo puede satisfacer.”

 

San Agustín, durante muchos años, buscó llenar el vacío de su corazón a través de la consecución de distintos placeres, conocimientos, riquezas y fama. Estas cosas simplemente le permitieron un gozo pasajero. Tras su conversión, reconoció que solamente en Cristo el hombre puede ser feliz. Más tarde exclamó:

 

“Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé.

Y ves que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba”

Y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste.”

 

“Sólo Dios sacia”, afirma Santo Tomás de Aquino. Todo lo demás es espejismo. Cuántas personas con belleza, bienes, ciencia y reconocimiento sienten que la vida carece de sentido, y cuántos otros, luego de encontrar a Cristo hallan plenitud. Más bien, la felicidad hace referencia a la consecución del bien supremo: Dios. Esta pertenencia no se daña, no se pierde, no puede ser arrebatada. San Pablo afirma:

 

“Estoy seguro que ni muerte ni vida, ni ángeles ni potestades, ni presente ni futuro, ni poderes ni altura ni hondura, ni criatura alguna nos podrá separar del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.” (Romanos 8, 38-39).

 

Sólo en el encuentro personal con Jesucristo el hombre puede encontrar la paz y la armonía que necesita. El ser humano tiene hambre y sed de infinito. Los teólogos afirman que el vacío del corazón del hombre tiene el tamaño de Dios. Para ser feliz, basta abrir las puertas del interior. Jesús dice: “Mira que estoy a la

puerta llamando. Si uno escucha mi llamada y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.” (Apocalipsis 3, 20)

Please reload

Posts destacados

¿QUÉ SIGNIFICA SER HUMILDE?

December 6, 2017

1/8
Please reload

Posts recientes

December 5, 2017

December 23, 2016

Please reload