Oración: gimnasio espiritual

November 12, 2015

Hacer ejercicio con disciplina es saludable. La mente y el cuerpo se mantienen conectados con un ritmo de vida sano.

 

Montar en bicicleta, caminar, trotar, ir al gimnasio, son algunas de las actividades que ayudan a mantener una vida equilibrada y activa.

 

Al igual que el cuerpo, el alma necesita ejercitarse. Una oración constante permite una relación profunda con Dios y el prójimo.

 

En ocasiones hemos participado de retiros o ejercicios espirituales. En estos nos desconectamos del mundo para ejercitar nuestra alma y propiciar un encuentro con Dios. El resultado, si se hace un buen ejercicio, es el cumplimiento de nuevos propósitos que nos llevan a vivir conforme a la voluntad de Dios.

 

Muchas veces el ejercicio espiritual se hace en el colegio, con la comunidad parroquial o un grupo de oración. La vivencia es única y despierta un "querer más de Dios", pero ese anhelo no puede vivir de impulsos. Se necesita convicción y ejercicio diario (entrenamiento espiritual todos los días).

 

Así como hay un hábito para ejercitar nuestro cuerpo, también lo hay para el espíritu. Si no se mueve el alma podríamos caer en un "sedentarismo espiritual".

 

La práctica de la oración trae sus beneficios:

 

Mejora el corazón con el amor que da Dios.
Limpia cada rincón de nuestros afectos.
Purifica el alma.
Enseña a respirar paz.
Fortalece el espíritu.
Tonifica las virtudes.
Levanta el ánimo.
Quema las "calorías del mundo".

 

Cada persona puede enumerar éstas y más bondades, todo depende de la disciplina que tengamos para hacer oración.  Pero ¿cómo lograr esta disciplina? Basta con decir sí, tal como lo dijo la Santísima Virgen María. De esa manera, la voluntad de Dios, por medio de la oración, se hará en cada uno de nosotros.

 

 

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